Te levantas temprano, a veces incluso antes de que salga el sol. El reloj no te da tregua: hay cuentas que tratar, decisiones que tomar, problemas que resolver. Quizás no lo dice, pero carga con el peso de no poder fallar.
Se pone los zapatos con prisa, toma un café a medio terminar, y sale a enfrentar el mundo.
Pero antes de cruzar la puerta, hay una vocecita que dice:
“¡Papá!”
Algunas veces responderá con un beso apurado, otras tantas un “ahorita no, estoy ocupado” ...
pero cuando se miran los zapatos y miran sus pequeños pasos; algo mágico sucede, se pondrán a su tamaño: “dime mi amor, aquí estoy” con el corazón agrandado.
Porque los hijos no solo lo miran: lo están estudiando.
Están absorbiendo cómo enfrenta los desafíos, cómo habla cuando está cansado, cómo trata a mamá, cómo reacciona cuando se equivoca.
Están viendo si sus palabras coinciden con sus actos.
Están aprendiendo cómo se caminan en esos zapatos.
El modelo de papá es una de las influencias más silenciosas, pero más potentes en la vida de un hijo.
Los niños lo observan y, sin darse cuenta, repiten sus gestos, su manera de amar, su forma de resolver conflictos, su modo de cuidarse o de postergarse.
Y llegará un día en que esos mismos niños —hoy pequeños, llenos de preguntas y energía— también tendrán que levantarse temprano, enfrentar la vida, tomar decisiones, y tratar de hacerlo bien.
Y entonces, sin pensarlo, buscarán en su memoria el recuerdo de papá.
No se trata de ser un padre perfecto. Nadie lo es.
Se trata de estar, de ser consciente, de entender que cada acto —por pequeño que parezca—
es una lección que queda tatuada en el corazón de sus hijos.
Y si tú eres mamá, también tienes un rol clave: en cómo hablas de papá, en cómo lo haces visible o invisible, en cómo lo invitas a entrar a la crianza de forma activa.
La figura paterna no siempre tiene que estar basada en la biología, pero sí necesita presencia emocional, compromiso, humanidad.
Y validarla es parte del mensaje que también les damos a nuestros hijos.
Queridos papás:
Quizás no te lo dicen todos los días, pero lo que haces sí importa.
Importa cada vez que decides estar.
Cada vez que eliges respirar antes de gritar.
Cada vez que juegas aunque estés cansado.
Cada vez que abrazas aunque tengas miedo.
Cada vez que, con todo lo que eres, enseñas a caminar por la vida... porque un día querido papá, ellos llegarán a entender tus pasos y colocarse en tus zapatos.
Es por eso que por el día del padre te proponemos la siguiente dinámica para estar en los zapatos de papá:
Materiales:
- 1 hoja de cartulina o papel grueso
- Plumón o marcador FABER-CASTELL
- Chisguetes de témpera lavable con pincel FABER-CASTELL
- Brocha o esponja (para aplicar la pintura en el pie del niño/a)
- Tijeras
- Lápiz
- Zapato de papá (para usar como molde)
- Toalla húmeda o paño para limpiar el pie
Instrucciones paso a paso:
Paso 1:
Coloca el zapato de papá sobre la cartulina. Con el lápiz, calca todo el contorno del zapato.
Paso 2:
Recorta la silueta del zapato que dibujaste en la cartulina.
Paso 3:
Aplica pintura lavable en el pie del niño/a con una brocha o esponja. Asegúrate de cubrir bien la planta del pie, incluyendo los deditos.
Paso 4:
Presiona con cuidado el pie del niño/a sobre la parte inferior de la silueta recortada del zapato, dejando marcada la huella.
Paso 5:
Deja secar bien la pintura antes de continuar.
Paso 6:
Con un plumón o marcador, escribe en la parte superior del zapato el siguiente mensaje:
"Algún día espero llenar tus zapatos.
Te amo, papá 💙"
Paso 7:
Deja secar por completo... ¡y estará listo para regalar a papá!